Conclusiones del Festival de Cannes 2008
Mayo 29, 2008 - Por admin · Publicado en Festivales
El balance de Cannes este año fue motivo de festejo quizá sólo para el cine francés, que volvió a ganar una Palma de Oro tras casi dos décadas de no conseguirlo. Por lo demás, la mayoría de los críticos estuvieron de acuerdo en que el nivel de calidad fue mediano en promedio, con algunas películas aceptables, pero nada que pudiera calificarse de obra maestra ni bajo el espíritu más generoso.
Como siempre, volvió a darse la dicotomía entre el cine espectáculo hollywoodense –el que desean ver los públicos del mundo entero– y el de arte, que en esencia encuentra su espacio casi exclusivo en los festivales de cine. El primero se encargó de crear la sensación de carnaval, sobre todo con el circo armado en torno a la nueva entrega de Indiana Jones, y de eso piden su limosna la mayoría de los medios. Una película turca o húngara no va a ocupar los encabezados de la mayoría de ellos. Ésos se reservan para reportar la presencia del star system gringo, que aún provoca fenómenos de histeria colectiva.
Igual había que acercarse a esos productos si uno buscaba el menor asomo de alegría. El tono de las películas en concurso era en general tan deprimente que hasta el presidente del jurado, Sean Penn, siempre pendiente del compromiso político, afirmó al final que ya tenía ganas de ver una comedia. Eso de estar expuesto durante casi dos semanas a un cine de ninguna manera escapista acabó hasta por minar la seriedad del actor.
Ciertamente cualquier cine expresivo de la situación mundial no podía dar cabida al optimismo. Las concursantes este año recorrieron una gama de malestares actuales que iban de la corrupción política a la guerra, pasando por la marginación social, el crimen organizado y hasta la crisis familiar que, en ese contexto, pareciera peccata minuta. Hasta algo que por lo común se percibe como placentero, el sexo, fue filtrado por una capa de cochambre en la filipina Serbis, por consenso la película más ignominiosa del certamen (y, en ese sentido, tal vez la más memorable).
Lo que tampoco se olvidará fue la desorganización de las funciones de prensa. Ante la programación también desordenada de películas, varias todavía sin terminar para cuando se inició el festival, se prescindió de la sensatez para acomodar pases de prensa en salas ya saturadas por el excesivo número de títulos en la sección oficial. Los retrasos en los horarios, el agolpamiento de colegas en plena aplicación de la ley del embudo y la inapelable grosería de los encargados de los accesos al Grand Palais fueron creando un clima de indignación como no se había visto entre la prensa acreditada. La última noticia fue que algunos críticos curtidos estaban redactando un pliego petitorio en demanda de mejores condiciones de trabajo.
El mercado del cine tampoco registró mucho entusiasmo y sólo al final los distribuidores estadunidenses se mostraron interesados en algunas adquisiciones. Mas no hubo la rebatiña de títulos, cuando los compradores se atropellan entre sí por conseguir las películas revelación. Quizá porque no las hubo.


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